Let Childhood Bloom

¡Hola a todas!

Hoy es un día muy feliz para mi, y es que hoy salen a la venta las camisetas que hemos diseñado para Trendy Kids. Se trata de unas camisetas muy especiales, con un mensaje muy potente y con un motivo todavía más importante. 

Hoy, aprovechando con el día del lanzamiento me gustaría compartir con vosotras cómo empezó todo. 

Para ello, nos tenemos que trasladarnos hasta esas semanas de confinamiento total. Donde semanas tras semana, íbamos viendo como los más pequeñ@s de nuestra sociedad se iban haciendo más y más invisibles. Nadie hablaba de ellos, no se tenían en cuenta para nada. Lo único que nos llegaba era que eran los máximos transmisores de un virus que no conocimos y que no podían salir de casa. Recuerdo ver los discursos del presidente y no escuchar ninguna mención hacia ellos Recuerdo poner 1 día las noticias y escuchar durante 30 minutos las «secuelas» que tendrían nuestras mascotas cuando terminara el confinamiento y dejasen de pasar tantas horas con sus principales cuidadores. Recuerdo cómo empezó a crearse un discurso de niñofóbia que se iba normalizado de una manera horripilante. 

Por aquellas semanas os escribí este post. Mi indignación hacia el trato que se estaba haciendo a la infancia iba creciendo semana tras semanas. Las críticas que recibía en RRSS cada vez que sacaba el tema eran bestiales: «que si todos teníamos que hacer un esfuerzo», «que si no era para tanto», «que si esto no les iba a causar ningún trauma, «que si los que realmente estaban mal eran los ingresados en la UCI», «que era una egoísta por no pensar en los que realmente estaban mal», «que era una exagerada….» Y así un sin fin de ataques. 

Llegamos a ver incluso discursos claramente anti niños en portales de comunidades enormes, y lo que más me asustaba no era lo que escuchaba, si no los comentarios que dejaba la gente. Lejos de convertirnos este virus y confinamiento en una sociedad mejor, puso a la luz la peor parte nuestra. 

Una sociedad adultocentrista que entiende los niños como «mini adultos» que tiene que adaptarse a lo que (nosotros) hemos designado como normal. Olvidándonos por completo de las necesidades innatas y desnaturalizándonos por completo de nuestro orígenes.

Por supuesto que un niñ@ no es capaz de estar sentado en una terraza quieto, sin moverse, sin alzar la voz, hablando tranquilamente de sus cosas. Es que eso no es un niño, eso es un adulto. 

No puedo hacerlo, porque es distinto. DISTINTO. Su naturaleza y sus necesidades conllevan movimiento, explorar, saltar, poner a prueba sus habilidades. A un niñ@ no le interesa para nada estar sentado en una silla hablando de las cosas banales de los adultos. Entonces, tienes dos opciones: o apagarlo detrás de una pantalla (algo 100% eficiente) o buscar alternativas que satisfazcan las dos necesidades (la del adulto y la del niño). Se necesitan espacios que entiendan a los niñ@s, que se piense en ell@s a la hora de construir y crear cualquier espacio, QUE SE ESCUCHE SU VOZ. Y para que esto sea posible, se necesita conocerlos, para, observarlos, verlos como personas de valor, de igual a igual 

Me gustaría que todas esas personas que tachan y que ponen a todos los niños en el saco de maleducados, gritones, que tiran cosas, que no paran quitos… que hicieran el pequeño ejercicio de parar y mirar dentro de ellos. De buscar qué es aquello que les hace apartarse tanto de la infancia, y de verla como un proyecto de adulto, como un tiempo de «espera». Seguro que ahí encontraríamos la respuesta a muchos de los problemas de nuestra sociedad. Y es que muchos, fuimos niñ@s apartados, olvidados, no escuchados, no tenidos en cuenta, modelados y embutidos dentro de un mismo molde sin dejarnos florecer. 

Es en este momento de rabia e indignación en que nace este proyecto: crear unas camisetas con un mensaje muy claro:

HEAR MY VOICE y LET CHILDHOOD BLOOM

Volver, parar, escuchar, mirarnos hacia dentro. Recordar aquel niñ@ que un día fuimos: lo que necesitábamos, lo que sentíamos, lo que queríamos ser… 

La infancia es una etapa poderosa, preciosa, llena de vida, llena de aprendizajes. Una etapa que nos marca como seres humanos.

Hay dos pilares fundamentales en esta etapa: la familia y la escuela. Y ambos pilares necesitan ser revisados en nuestra sociedad. Evidentemente nada es tan fácil y hay factores muy importantes, que por desgracia, influyen en cada uno de ellos: la economía, las políticas familiares y de conciliación .

La escuela poco a poco, empieza a hacer cambios en esta dirección, entendiendo que nos es posible crear a 25 personas iguales y del mismo modo. Pero es un trabajo imposible con las medidas políticas que se adoptan en nuestro país, con una cantidad de ratios por aula, con escuelas creadas de manera cerrada y para nada polivalentes, con cada vez más recorte de maestros. 

Por ello, nos toca a las familias exigir estos cambios. Formarnos, leer, hacer el cambio, entender que hay otra manera de criar. Que la conciliación que nos han vendido no existe, que no queremos ser esclavos del sistema y perdernos los mejores años de la vida de nuestros hij@s. Nos toca a nosotros exigir un cambio, en la escuela, en el gobierno. Quizás nos creemos que es algo imposible de hacer, y seguramente el cambio no se produzca en una generación, ni en dos. Pero quizás nuestros niet@s puedan tener algo que se asemeje más a una calidad de vida que la que ahora nos quieren hacer creer. 

Exigir adaptaciones respetuosas reales, en la escuela y en nuestro trabajo, votar permisos de ma/paternidad que permitan estar con nuestros bebés en su primer año de vida, reducciones de jornada reales, garantizar una lactancia materna de calidad. La lista de cambios a hacer es larguísima, y no solo en los primeros años de vida. ¿Cómo son los parques de nuestras ciudades? ¿Existen parques para niñ@s más mayores? Entendiendo mayores como niñ@s de más de 8-10 años.

¿Qué pasa? ¿Que a los 10 años ya no se juega? Después nos ponemos las manos en la cabeza porque están enganchados a una tablet o con una adolescencia muy temprana. ¿Pero qué van a hacer? Si les hemos criado toda su vida como mini adultos y diciéndoles exactamente que se comporten como tal. Se necesitan ciudades más abiertas, más naturales, pensadas para los niñ@s, que fomenten el juego, la creatividad, el movimiento libre.

Y sobre todo, el cambio empieza en nosotros. En cambiar el chip, en reeducarnos. Poner en juicio todo o que por ahora dábamos por «normal» o «no normal». Formarnos, hombres y mujeres. Entender que la crianza nos incluye a todos.

De todo esto, nace este proyecto con Trendy Kids. Una camisetas con un mensaje que reúne todo lo anterior y con un fin social precioso. Todos los beneficios de las camisetas serán donados a l’Institut de la Infancia. Aquí podéis leer más sobre su labor y el trabajo que hacen hacia la infancia. Nos ha costado mucho escoger la entidad, ya que teníamos claro que queríamos hacer esto para l@s niñ@s y por fin (y gracias a vuestra ayuda) encontramos aquella que su labor describía aquello que sentíamos. 

Las camisetas salen a la venta HOY y las podéis comprar a través de este enlace. Nos hará muchísima ilusión ver a vuestros pequeñ@s si os animáis a compartirlas por RRSS y nos etiquetáis a Trendy Kids y a mi. Esperamos que este proyecto os entusiasme tanto como a nosotras, y que podamos hacer una bonita donación a l’Institut de la Infància. 

Gracias por hacer todo esto posible, gracias por el apoyo que siempre me habéis mostrado, ¡gracias por estar ahi!

2 Comentarios

  1. Alba agosto 14, 2020 - 12:51 pm

    Uy, pero si criamos a niños felices, se convertirán en adultos felices que no llenan sus carencias consumiendo productos perecederos e innecesarios!!! Esto no puede ser! [IRONÍA OFF, por si acaso].

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  2. Bombolles_dart agosto 14, 2020 - 7:23 pm

    GRAN POST, GRAN COMPROMISO Y GRAN APORTACIÓN! Gracias de corazón!

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