Holanda en família: parte II

Hola a todas! He tardado lo suyo pero aquí está: la segunda parte de nuestro viaje a Holanda. Si os perdisteis la primera, os la dejo aquí.

Y seguimos por donde lo dejamos…

Viernes 14:

Despertamos en Alkmaar y después de un delicioso desayuno nos pusimos en ruta. Lo bueno de hospedarse en apartamentos es que economizas mucho yendo al super y comiendo en casa. Además, en todos los sitios donde hemos estado han habido vajillas de sobra, todos los utensilios para cocinar, así como lo necesario para limpiar. 

Los viernes es el día de la subasta de queso en Alkmaar, una de las más importantes y antiguas de toda Holanda, así que merece la pena cuadrar los días para visitar Alkmaar cuando se celebra. Como os he dicho, la hacen todos los viernes a las 10 de la mañana en la plaza mayor. 

A nosotros nos cayó el diluvio universal, y cuando digo diluvio me quedo corta. De verdad que yo nunca he visto llover tanto ni tan fuerte. Eso sí, ahí ni se inmutan y como están acostumbrados no suspenden nada de nada. Además justamente ese día, no sé que celebraban pero tenían cámaras para grabar la subasta, así que la única pega fue que los quesos estaban tapados para que no se dañaran por el agua. 

Por lo demás todo genial. También deciros que la subasta dura como 2 horas, así que si no estáis ahí a las 10 de la mañana no os preocupéis. Al principio hay muchísima gente y después cuando ya has visto el “show” 20 veces te vas. Así que no os pongáis nerviosos si no estáis a las 10. 

Alrededor de la subasta ponen paradigmas con productos típicos y había una en especial que era súper autentica: la de poffertjis. Madre mía, suerte que no vivo en Holanda porque si no rodaría calle abajo. Son como una especia de mini creps o cortitas, pequeñitos y que te los sirven con Nutella…

No tengo palabras.

Un platito así con unos 15 poffertjis nos costó 5 euros. Vale la pena, creedme. 

Después de la subasta nos pusimos rumbo a Zaanse Schans, una zona que han habilitado con todo de molinos, algunos de ellos se pueden visitar (previo pago de 4€ por persona), también hay museos de queso, restaurantes y tiendas de souvenirs. 

La verdad es que íbamos muy ilusionados a visitarlo y nos decepcionó un poco. Los molinos son preciosos y espectaculares, eso sí, pero es turisteo a tope. Nos sentimos como si fuéramos a Port Aventura y nos cobraran por todo, o si todo fuera falso… No sé, nos gustó mucho más visitar los molinos que os mostraré más adelante y que además son patrimonio. 

Si vais en coche privado prepararos para pagar 10 eurazos de parking. Da igual si te quedas 10 minutos que todo el día, más que nada para que lo tengáis en cuenta 😉

Valentina no vio ni un molino, así que aprovechamos su largo sueño para desplazarnos hasta Amstelveen, muy cerquita de Amsterdam (así que los que únicamente viajéis hasta allí también podéis acercaros), concretamente a la granja de Geitenboerderij. Sin duda de los mejores planes que hicimos en Holanda. 

Se trata de una granja ecológica de cabras, en la que no os encontraréis ni un turista ya que prácticamente sólo la visitan los residentes de la zona. Está situada en el bosque de Amsterdam, y es muy fácil el acceso, está muy bien indicado. 

Las imágenes hablan por si solas… Fue una experiencia increíble, Valentina alucinó en mayúsculas. Pudimos ver a los animales en unas condiciones brutales, tienen unos campos inmensos en los que pasturar y unas instalaciones de primera. 

Por 50 céntimos puedes comprar leche en biberones para darles a las cabritas, súper recomendable, tanto para los peques como para los mayores. 

Pienso que no hay nada mejor para nuestros peques que vivir rodeados de naturaleza y de animales. Valentina es muy pequeña todavía, pero que los niños puedan ver de dónde sale la leche, como se hace el queso, hacerlo y comérselo… Ver el ciclo al completo de las cosas, pienso que es una experiencia brutal. 

Además tengo que deciros que fue el día que mejor comimos, CON DIFERENCIA! Comida toda eco y hecha por ellos, la ensalada de quesos en concreto estaba espectacular y la carne igual. Así que si tenéis la oportunidad de visitar la granja os súper aconsejo que os quedéis a comer allí. Tened presente que cierran a las 5 de la tarde. 

A als cinco regresamos para Alkmaar, reventados los tres, empapados y llenos de tierra pero súper contentos. Aquella noche nos tocó preparar maletas de nuevo y poner rumbo a Rotterdam. 

Sábado 15:

Rotterdam fue sin lugar a dudas la gran decepción del viaje. Además, tuvimos una gran decepción con el apartamento que alquilamos por Airbnb y los tramites de anularlo y encontrar otro, nos llevaron prácticamente todo el día, así que entre el viaje y las llamadas de teléfono no hicimos gran cosa, más que visitar algún parque, comer en el restaunrante italiano de Jamie Oliver (somos súper fans y nos encantó, todo hay que decirlo) y el Mercado (Markthal de Rotterdam)

Si echáis de menos el país, es un buen sitio para recordarlo ya que todas las paraditas de comida están inspiradas en la cultura española. Incluso también podréis oír música como Estopa o Melendi, comer croquetas o pinchos. 

Domingo 16:

Después del mal día anterior nos escapamos al pueblecito de Del, un sitio encantador y precioso en el que no dejéis de hospedaros si tenéis oportunidad. La razón por la que nosotros escogimos Rotterdam fue porque nos queda muy céntrico y en el medio de los sitios que queríamos visitar. Pero la verdad fue que entrar y salir de Rotterdam era un auténtico suplicio ya que había mucho tráfico. Así que sin duda os recomendaría que antes os quedarais a dormir en Delf. 

Creo que del sitio que más hice fotos fue allí, cada canal, cada calle, hace que digas “espera que saco la cámara”. De verdad que os dejará sin aliento. Es muy romántica y tranquila. 

Aquel dñia decidimos regresar a casa para poder comer en el apartamento y que Valentina hiciera la siesta en la cama, ya que está más cómoda y la hacia mejor. Por la tarde fuimos a Fenix Food Factory, en Rotterdam. Se trata de un street food con comida típica de allá. Si como nosotros te encuentras en Rotterdam por error no es un mal plan!

Para volver cogimos un Water bus que nos llevó hasta el centro de Rotterdam, ya que al haber tantos puentes y entradas de barcos se hace muy pesado ir andando (y poco agradecido el paisaje para que engañarnos). El paseo en barco estubo bien. Nos costó 5€ por persona y los peques hasta dos años no pagan. 

Lunes 17:

Nos pusimos en marcha súper pronto y nos dirigimos hasta Kinderdij, la otra zona con molinos que os comentaba antes y que para nuestro gusto valía mucho más la pena. Mucho más natural y nada turista. El parking si vas en transporte privado es de 5€. 

Vas recorriendo un camino por en medio del agua y a lado y lado tienes lo molinos. Si no me equivoco también hay uno que se puede visitar por dentro y está tal y como se encontraban en la época. 

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A media mañana nos dirigimos hasta Leiden, otro pueblo de la zona precioso y muy recomendable, lleno de canales y de tiendas preciosas. 

 

Como veis en las fotos nos hacia un sol estupendo, así que las terrazas de los canales estaban a petar. Nosotros desestimamos la opción por tener una salvaje amante del agua y con una predisposición a tirarse en cuanto te das la vuelta. Así que por nuestro bien nos pusimos dentro de un bar, y comimos genial. En todos los sitios que entréis veréis que tienen un rinconcito para los más peques. 

Y para terminar de redondear el gran día pasamos la tarde en el parque de Hillegersberg, al norte de Rotterdam. Se trata de un parque… no sé bien bien cómo definirlo porque no es un parque de atracciones, ni acuático, ni un zoo.. o quizás es un poco de todo. 

La verdad es que es una autentica pasada. Eso sí, vale 12€ la entrada (adultos) pero de verdad que cuando entras entiendes por qué, y vale realmente la pena. Veréis que también esta lleno de residentes y que la mayoría tienen el pase de temporada. Anda que no estaríamos felices V y yo si tuviéramos aquí uno de esos. 

Pues como os decía, hay zona de agua, trenecito, coches para los más mayores con gasolinera y todo. Tienen como un circuito de una mini ciudad, una pasada… de verdad que consiguen que te entren ganas de volver a ser un niño.

La verdad es que no sabes dónde mirar ya que hay montones de cosas por hacer: camas elásticas gigantes, columpios en forma de troncos, bajadas de hierba para bajar rondando, tirolinas, tiovivos… Estoy preparando un vídeo del viaje dónde espero poder enseñároslo mejor. 

También hay una parte del parque con animales, y entre ellos, nos sorprendió ver a llamas. Son unos animales que me encantan, los encuentro preciosos, y me hizo muchas ilusión verlos en directo. Hay una trenecito que pasa por en medio del todo el parque, así que también es una buena idea hacerlo nada más llegar para coger una idea de cómo es. 

Martes 18:

Tenía muchísimas ganas de ir a Utrecht, tengo amigos que han estado de Eramus y hablan maravillas, y no es para menos. Quizás también hubiera sido una buena opción para alojarse, aunque no hubiera quedado muy lejos de el resto de pueblos que queríamos visitar. Utrecht es una gran ciudad pero llena de pequeños detalles, callejuelas, y como no, de canales. 

Como llegamos muy pronto, hicimos como auténticos holandeses y visitamos la biblioteca de Utrecht, donde Valentina se reencontró con su cuento preferido: la oruga glotona, y que hacia tanto tiempo que no veía.

 

Después hicimos un paseo por El Centro hasta llegar al Dom, y paramos a desayunar unos pastelitos buenísimos en una pastelería que no recuerdo el nombre. hacia esquina y estaba en una de las calles principales del centro. La Lemon pie, espectacular. 

Estubimos en Utrecht paseando, haciendo fotos y entrando en las tiendas que te encuentras en cada esquina y antes de comer nos fuimos a visitar otra granja.

Fuimos a una granja cerca de Haarzuilens, se llama Geertjes Hoeve, quizás fue por que la primera nos encantó esta no la disfrutamos tanto, ya que por ejemplo, no podías entrar en las cuadras a dar de comer a las cabritas. Eso sí, el proyecto en si me encantó, ya que se trata de una granja de un matrimonio y todo lo llevan chicos súper jóvenes, no deberían tener más de 16-17 años. La verdad es que me sorprendió mucho ver como chicos tan jóvenes se organizaban para llevar un restaurante, los pedidos, las actividades de la granja… Supongo que por que aquí no es lo normal, o tienen la supervisión de un adulto. 

Aunque Valentina se lo pasó igual de bien, y disfrutó estando con las cabras, y jugando con los mil juguetes públicos que tienen en todas partes. 

Para terminar el gran y último día, buscamos por internet algún parque que estuviera cerca y que tuviera piscina, ya que hacia un calor espantoso. Así que encontramos una a 20 minutos y para allá que nos fuimos. 

Nos encontramos con un parque de un vecindario, súper bonito y acogedor y dónde todos los vecinos se extrañaron que una familia de turistas se hubiera acercado a ese parque tan “normal” y tan alejado del centro. Ellos no entienden que para nosotros, su parque normal es lo más y que daríamos lo que fuera por tener tan siquiera uno de ellos en toda la ciudad.

Valentina disfrutó como una enana con los juguetes, las piscinas y las tablas de surf, los circuitos de agua, las excavadoras y la arena. Y nosotros disfrutamos viéndola, relacionado con otros niños sin importar la edad y el idioma.

De esa tarde en el parque me quedo con la conversación que entablamos con otra familia, y que me da para un post entero, así que no me voy a enrollar más que tela lo que ha durado este post. Si habéis llegado hasta aquí, GRACIAS! Espero que estos dos posts os sirvan como guía para vuestros posibles viajes a holanda y que disfrutéis igual que lo hemos hecho nosotros. Sin duda, el norte nos tiene el corazón robado, y nos hemos quedado con millones de lugares por visitar, así que estamos seguros que en unos años repetiremos. 

¿Cuál creéis que será nuestro próximo destino?

 

1 Comentario

  1. Maria Agosto 6, 2017 at 2:54 pm

    Saps quw ens estem plantejant anar-hi l’estiu vinent. Tenim dos criatures, un de 10 mesos i l’altra de quatre anys. M’ha encantat tot el que expliques i els llocs que heu visitat.

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