Viaje a Copenhague (Parte I)

¡Hola a todas!

Bueno ya tenéis por fin la primera parte de nuestro viaje a Copenhague. Antes de nada deciros que fue un viaje INCREÍBLE y que me arrepiento de dos cosas: haber tardado tanto en ir, y creerme que con 3 días tendríamos más que suficiente porque es una ciudad pequeña. 

Siempre me habían dicho que Copenhague era muy bonito pero pequeño y que con un fin de semana largo tenía suficiente, así que iba dejando pasar la oportunidad de visitarla. Cuando nació Valentina decidimos organizar un viaje a largo plazo, y aprovechar un lunes que el amore tenía fiesta para escaparnos a la capital danesa. 

Ya hace algún tiempo que en vez de viajar a hoteles, cogemos apartamentos en AirBnb, la primera vez fue en Valencia y quedamos encantados, así que repetimos. Además ahora con la peque se hace ultra necesario tener más espacio, ya que a media tarde nos volvíamos para descansar, porque aprovechamos la cocina para desayunar y cenar allí, y así además te ahorra un pico.

Nosotros hicimos una selección de apartamentos, y al final nos decantamos por este, os dejo aquí el enlace. El apartamento no está en el centro si no que a unos 15 minutos a pie, se llega súper bien andando desde la estación central. De hecho se llega en 15 minutos a todas partes de Copenhague. La zona está genial, súper tranquila y con tiendas, restaurantes y supermercados para comprar comida. 

 

El apartamento era súper peque, el amore dice que tendría unos 40 metros cuadrados, pero ¿para qué queremos más? La decoración ya veis que fue lo que ayudó a decantarnos, pero es que la mayoría de apartamentos que encontraréis por Copenhague son como mínimo así. He vuelto con mil ideas de deco nuevas! El lavabo era lo único que estaba un poco “justillo”, ya que la ducha esta en la misma habitación. Aún así para un fin de semana está perfecto, si me tuviera que quedar una estancia más larga quizás buscaría algo más grande. 

Nos decantamos por este apartamento ya que disponía de trona (como la nuestra) y además un rincón de juguetes que a V le encantaron. Tuvimos un inquilino más, ya que la dueña nos preguntó si nos importaba que su gatita se quedará con nosotros así que fue una experiencia nueva más!

Antes de viajar:

  • Lo indispensable: saber que en Dinamarca no hay euro si no corona danesa 1€ es aproximadamente 7,5 coronas.
  • Dependen de la época en la que viajes disfrutareis más o menos de la luz. En nuestro caso, a mediados de mayo, el sol no se ponía hasta las 22h de la noche y a las 4.30 de la mañana era de día completamente. Como en toda ciudad nórdica, no saben que existen las persianas así que si vuestro hijo es sensible para dormir con luz os veréis desayunando a las 5 de la mañana. Eso sí, el día se aprovecha que no veas. 
  • Copenhague es una ciudad carita, salir a comer o cenar fuera, tomar una cerveza o hacer un helado sube un poco. Vereis como las coronas se esfuman de vuestra cartera, así que la idea de hacer picnics o comer en food markets es na buena idea a la hora de ahorrar. 
  • El danés es chungo de narices, es rollo vikingo, pero don’t panic que con el inglés se llega a todas partes.
  • El clima: buffff… ¿qué deciros? A nosotros nos ponía frío y lluvia y acabamos en manga corta y poniéndonos los chubasqueros el último día que caían 4 gotitas por dignidad a nuestra maleta y por la ilusión de estrenarlos. Mi consejo: vestiros en plan cebolla e ir añadiendo y quitando capas según vayáis viendo. 
  • Y lo último: viajar en avión con niños. De esto mejor no os aconsejo porque no se nos da demasiado bien. La ida todavía, ya que el avión iba medio vacío, y el amore se colgó a la peque y se quedó frita súper rápido. Eso sí, fue con ella colgada la  mitad del viaje. A las pruebas me remito. El viaje de vuelta fue otra historia que os contaré en el próximo post…

Y AHORA SÍ, ¡EMPEZAMOS!

Llegamos al aeropuerto de Copenhague y desde allí cogimos un tren en el mismo aeropuerto (no hay que salir), hasta la estación central. Los peques no pagan y nuestros dos billetes son costaron menos de 7€. Los trenes pasan cada 10 minutos y hay muchos trabajadores al lado de las máquinas expendedoras que os pueden resolver todas las dudas que tengáis. 

Una vez en llegamos a la estación central, comimos allí mismo en un restaurante que hacía platos de pasta porque estábamos famélicos, Valentina incluida, que se lanzo al plato de macarrones que nos quedamos flipando. Después en vez de coger el bus, fuimos caminando hacia el apartamento que como os he dicho estaba a unos 20 minutitos. 

Una vez instalados, y después de enamorarnos de cada rincón del apartamento, decidimos sacarnos algo de ropa, ya que íbamos súper abrigados y hacia un sol de infarto, y nos fuimos a dar una vuelta por el barrio y acercarnos hasta el centro de Copenhague. Estuvimos dando una vuelta por el casco antiguo, entramos en la tienda enorme de Legos (el amore es Fan absoluto), y cuando se despertó Valentina de su siesta porteada entramos en un bar de la cadena “Expresso Café”. No son nada del otro mundo, pero tienen zumo de naranja natural, cruasanes y ¡wifi gratis! Ya que os tengo que confesar que me sorprendió el poco wifi gratuito que hay en la ciudad, a diferencia de Helsinki que tenías wifi abierto en todas partes. 

Después de reponer fuerzas nos dirigimos a uno de los parques que nos habían recomendado: Rosenborg Slotshave. De entrada ya nos sorprendió la cantidad de gente que había en él. Supongo que como hacía un día de infarto la cosa se había animado. Gente haciendo picnics, tomando el sol, haciendo deporte, grupos de mamis dando el pecho… y el entorno idílico por supuesto.

Seguimos paseando y casi al final encontramos la zona infantil, que podría ser perfectamente un parque solo, de lo grande que era. Estaba delimitando con una vallas de madera y todos los cochecitos aparcados fuera, junto con un montón de zapatos ya que la mayoría de niños van descalzos puesto que los parques son de arena súper fina.

El parque era una pasada, te entraban ganas de sacarte los zapatos y ponerte a jugar. Había cubos, palas y juguetes para todos, nada de asfalto, nada de columpios ni toboganes. Todo elementos naturales, abierto, amplio… No se escuchaban gritos, no había acumulación de niños… sin palabras. 

Nos costó lo suyo sacar a Valentina del parque para irnos a casa. Antes nos pasamos por un súper e hicimos la compra para la cena del día y los desayunos. Si hay que poner alguna pega es sin duda la comida. Cuesta tanto comer bien fuera de aquí… Pasta no hay problema, pero a la que quieras hacerte una ensalada… 

Volvimos al apartamento, nos hicimos unas pizzas y bañamos a la peque como pudimos en la ducha. Las pizzas hechas con el auténtico horno de piedra italiano estaban buenísimas, así que os las recomiendo. El sitio se llamaba MADHAUS, de verdad que la apariencia no les hace justicia, yo no hubiera entrado nunca si no fuera porque vimos las pizzas que se estaban comiendo. No he sabido encontrar la dirección exacta pero estaba entre la calle Valdemargade y la Oehlenschlagergade (¿facilitos eh?)

La odisea vino después para dormirla con toda la luz que entraba. Aunque tengo que decir que durante las noches que estuvimos allí no se desveló ninguna vez!

Después tuvimos un mini ratito para nosotros y para organizar el día siguiente. La zona era súper tranquila y aunque fuera sábado por la noche no escuchamos ningún ruido. El único ruido que teníamos era el de los preciosos suelos de madera cada vez que cruzábamos el apartamento. 

Y para no enrollarme más, lo dejamos aquí. La semana que viene os cuento nuestro itinerario del segundo y el tercer día. Espero que este primer adelanto os haya gustado y servido a todas aquellas que viajáis a la capital danesa próximamente. ¡Hasta mañana!

Carrito súper compacto Gb Pockit + de Bebitus

 

3 Comentarios

  1. Pingback: Viaje a Copenhague (parte II) – estoreta – Family, Craft & Deco

  2. Adi Junio 5, 2017 at 12:32 am

    Te tengo desde hace tiempo en mis enlaces y no había visto esta entrada…
    Me hace mucha gracia porque… hemos coincidido en este viaje a Copenhague… me da la sensación, por lo que dices que incluso en días!!! Nosotros fuimos del 11 al 18 de mayo… ando desencaminada??
    Además de que alquilamos en AirBnb y otro montón de cosas más…
    A nosotros también nos encantó Dinamarca. No te enganchaste a las caracolas de canela?? Por Zeus… que vicio!!! :))
    Mi ritmo de edición es lentísimo. Calculo que para el 2020 podré empezar a publicar mi millón de gigas. Mientras tanto, he disfrutado mucho con tus fotos… 😉

  3. Pingback: Viaje a Copenhague (III parte) – estoreta – Family, Craft & Deco

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