Rabietas

¡Hola a todas!

Sé que este tema me lo habéis pedido muchísimo y no quería adentrarme en mi nueva maternidad sin antes tener el tiempo y la calma para escribir sobre ello. Antes de nada, porque sé que siempre que escribo este tipo de posts tienen mucha repercusión y visitas, quiero dejar claro que lo que yo aquí abajo escribo es mi experiencia como madre de 1 hija y maestra. Os cuento cómo lo hemos vivido (y seguimos viviendo), cuáles han sido las distintas fases por las que hemos pasado y finalmente las pautas que hemos adoptado. Evidentemente cada familia y cada niñ@ lo vive distinto y por ello a veces es difícil encontrar la fórmula mágica que nos funcione a todos. Pero sí que es verdad que a veces, leer la experiencia de otras madres ayuda a ver que lo que nosotros vivimos es bastante habitual, que tampoco lo estamos haciendo tan mal y, la “maldita” frase de que en algún momento u otro pasará…

La etapa de las rabietas es una etapa que viven todos los ni@s, es una etapa más del desarrollo, pero ¡ah! no todos la viven de la misma manera ni con la misma intensidad. Por allá los 18 meses te das cuenta de que a tu bebé le empieza a salir el carácter, que responde de manera muy enérgica cuando quiere algo que no se le ofrece (ya sea el pecho o cualquier otro alimento, o se le retira algo con lo que se puede dañar). Y pensamos: “¡oh no! Ya empieza con la rabietas!” Una vez compartí con vosotras un mensaje en stories que decía algo así como: las rabietas son como las contracciones. Te crees que las primeras son fuertes hasta que vienen las siguientes… Y es tan cierto, como que cuando llegan los 2, los 2 y medio, los 3… te ríes de aquellas que vivías con 18 meses porque te parecen una tontería al lado de las rabietas que vives ahora. Y seguramente las que me estéis leyendo y tengáis niños de 4 o 5 años estaréis pensando ¡pues agárrate que vienen curvas! Y es que es así, cada etapa tiene lo suyo, a veces nos da la sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor y que lo que vivimos en este momento es insostenible. 

De hecho, también me he dado cuenta, de que los hij@s, al igual que nosotros, pasan por etapas, ciclos, temporadas… Y hay algunas rachas que solo haces que enganchar una rabieta tras otra, que cualquier motivo es motivo de crispación, cualquier propuesta, acto o palabra enciende ese botón de no return… Y después, un día te paras a pensar y dices: Ostras… ¡qué buena racha llevamos! Y sí, con la experiencia y el tropezar una y otra vez, te das cuenta de que todo pasa, aunque esa frase te retumbe en la cabeza cuando alguien te la suelta y tu estás que te subes por las paredes. 

Podemos decir que ahora nosotros, vivimos las rabietas de un modo más cercano o conocido. A ver si me explico: seguimos viviendo muchos episodios y temporadas de rabietas, pero de alguna manera ya las hemos entendido, a veces incluso somos capaces de anticiparnos y ver que aquello va a estallar… y sobre todo, nuestra actitud es mucho más serena delante de ellas porque entendemos el por qué de muchas, su evolución y cómo ayudarla. Ya os he contado muchas veces que nosotros recurrimos a menudo a nuestra asesora de crianza, Míriam Tirado, sin ningún tipo de tapujo o de vergüenza. Es decir, a veces nos pueden resultar incómodo recurrir a este tipo de servicios o lo hacemos cuando estamos fatal o todo se ha ido de madre. Para nosotros siempre ha sido algo muy natural, que empezó desde asesoramiento para la lactancia, para el sueño y que ahora recurrimos cuando pasamos épocas en las que vemos que no tenemos herramientas. Ningún padre nace enseñado, y prefiero acudir a pedir pequeñas ayudas que no esperar a que pasen los meses y los años y encontrarme que no tengo por dónde cogerlo. Así que también es algo que quería que formara parte del post, para que todas aquellas familias que (por tema de rabietas u otros) os encontréis perdidos, sepáis que tenéis a gente que os puede ayudar mucho.

También os tengo que decir que el tema de rabietas era algo que yo llevaba mejor que el amore. Por primera vez, algo que había vivido como maestra, me servía para la crianza de mi hija. ¡POR PRIMERA VEZ! Y es que aunque el vínculo emocional no es el mismo (ni muchísimo menos), sí que había vivido muchas rabietas en el aula, había leído sobre el tema, su importancia, su por qué… En ningún momento he sentido que V me estuviera haciendo la rabieta para provocarme o para chantajearme o para manipularme. Siempre he sabido que era una reacción a querer entender algo, a saber cómo funciona nuestro mundo, a ver dónde esta el peligro de las cosas, dónde ponemos el límite, a averiguar esa seguridad que nosotros le transmitimos… Es sin duda una gran oportunidad de que nuestros hijos vean como reaccionamos, que modelo les ofrecemos y qué seguridad les aportamos. Es un aprendizaje y un entrenamiento, y hay algunos que nos ponen a prueba a menudo con lo que nos convertimos en unos auténticos masters. 

Sé que muchas estaréis esperando la fórmula secreta, aquello que pueda hacer que no las hagan, pero no. Os diré que hacerlas, las harán, casi al 100%. Quizás algunas (sobre todo las que van más relacionadas con necesidades básicas – cansancio y sueño-) son bastante previsibles. Pero el resto, tienen que pasar y punto. Os animo a que os leáis las entradas que tienen Miriam Tirado sobre ellas en su blog porque seguro que os vais a sentir reflejados y lo más importante, ver que tampoco lo estáis haciendo tan mal.

De todos modos, quería dejaros algunos tips que a nosotros nos sirven y que quizás alguna pueda rascar y adaptar a su manera:

  • Tranquilidad: intentamos no enfadarnos cuando estalla la rabieta, porque si no eso se convierte en un cúmulo de emociones que no sabes quién es el adulto y quién el niño. Como os he dicho antes, vemos la rabieta como la oportunidad de ofrecerle a nuestra hija un modelo. Al final, nos imitan en todo; así que transmitirles esa calma (aunque a veces cuesta muuuuuucho y también hay veces que no se consigue) es lo primero que tenemos en mente. 
  • Validamos su emoción: las rabietas son un buen momento también para ver in situ las emociones. Todo aquello que leen y ven en libros y cuentos se convierte en real. “estás muy enfadada, estás muy enrabiada, estás muy triste, estás muy cansada…” Verbalizando ponemos nombre a ese sentimiento, lo reconocemos. No se lo negamos. Es lícito que sientan todas estas emociones, al igual que nosotros. Intentamos evitar los “no pasa nada, no llores, no te enfades…” Ella puede sentir lo que quiera, no quiero reprimirlo, lo que quiero es ayudarla a saber qué hacer con aquella emoción.
  • Le hacemos saber cuál es el límite: en el caso de que así sea. Quizás está haciendo una rabieta porque hoy hay nubes y no se ve la luna, pero quizás la rabieta está porque quería darle golpes con un juguete de madera al cristal. Intentamos hablar poco, con frases cortas pero concisas, asegurándonos que le queda claro cuál es el límite. No le hacemos el gran discurso porque está más que demostrado que ni escucha ni ayuda a calmarle, así que pueden ser frases cortitas como: no puedes darle golpes porque se puede romper y tu hacerte daño, tienes que ponerte la chaqueta porque hace mucho frío, no puedo cogerte porque me duele mucho la espalda, etc.
  • Le ofrecemos alguna alternativa: cuando vemos que la cosa afloja un poco, o que está más receptiva le ofrecemos alguna alternativa a aquella acción que ella quería hacer y que nosotros no le hemos permitido. Esto a menudo funciona bastante. No se trata de distraer ni de hacer ver que no pasa nada, si no de que ella vea que lo que pide no es posible pero hay otras vías. 
  • Intentamos que nuestra postura corporal también transmita el mismo mensaje: estando a su altura, en el suelo (la mayoría de las veces), intentando acariciarla para calmarla… aunque si la rabieta es muy fuerte hay veces que no quiere ni que la toquemos. Y se lo respetamos, y decimos. Le hacemos saber que estamos allí al lado y que si necesita alguna cosa la podemos ayudar. Con Valentina nos hemos dado cuenta que al final, siempre siempre busca el contacto físico para calmarse, sobre todo cuando la rabieta ha sido heavy. Supongo que es una mezcla entre querer apagar su fuego interior y a la vez sentir esa emoción desagradable de la situación y buscar el refugio en los brazos. Así que después de una rabieta fuerte siempre nos abrazamos mucho, nos besamos y le hago saber que la quiero mucho; que aquello que pide o hace no puede ser pero que la quiero mucho y que buscamos la manera de solucionarlo. 
  • Y por último tener consciencia, como os he dicho antes, de que aquello que está pasando no es una batalla entre niño-adulto si no un acto de buscar respuestas en nosotros. Hay veces que estamos súper cansados, hay días que no puedes o no estás bien para ofrecerle todo lo que necesita. Hay días que les hablamos mal, o incluso que nosotros “provocamos” aquella rabieta. Hay niños que reaccionan muy distinto dependiendo de como les digas las cosas. Hay niños que de entrada rechazan una imposición directa pero haciéndolo de otro modo te siguen sin rechistar. No somos perfectos y hay muchos días que a posteriori te das cuenta de que has fallado en cosas, por eso es importante ponerle consciencia y saber qué podemos mejorar la próxima vez. A mi me sirve mucho repetirme algún mantra de manera interior cuando veo que yo me estoy ofuscando mucho, repetirme alguna frase o mensaje que sé que me calma y que me pone otra vez en su sitio “venga que esta también pasará, no lo hace para fastidiarme, estamos muy cansadas…” Respiro y dejo espacios de silencio para que ella también tenga la oportunidad de actuar. Hay veces que estamos tan encima o que no dejamos de hablar que no les dejamos espacio ni tiempo para poder reaccionar.

No sé como voy a gestionar todo esto cuando aparezca un segundo. Ya os lo contaré. Muchas veces lo pienso cuando estamos viviendo una rabieta ¿cómo será cuándo esté aquí Julieta? ¿Tendré la misma paciencia, el mismo tiempo o la misma fuerza? De momento intento no adentrarme mucho en estos pensamientos… también se me hacía muy cuesta arriba hacerles frente estando embarazada porque no podía cogerla o portearla que era algo que la calmaba muchísimo y poco a poco hemos conseguido superarlas de otro modo. Así que cuando llegue el momento ya veremos cómo nos adaptamos. ¡Bimadres con hij@s, somos todo oídos (y ojos) para leer vuestras experiencias sobre cómo gestionáis una rabieta cuando el otro también os necesita! 

También quería hablaros sobre un cuento nuevo que hemos incorporado en casa “Tengo un volcán”, (disponible también en catalán) y que nos está ayudando mucho también a gestionar la rabia y las rabietas. No quiero alargarme más con el post de hoy y como el cuento da para mucho, lo dejo para el siguiente post sobre rabietas, y así si alguna tiene alguna duda más o sugerencia lo puedo añadir en este segundo ¿Os parece? ¡Mil gracias por leerme!

 

15 Comentarios

  1. Y octubre 17, 2018 at 1:54 pm

    Uf el tema de las rabietas es complicado jeje yo aún con mi peque nada porque es muy pequeña pero las pasé con una niña que cuidaba. Los 4/5 años de vez en cuando me hacía una rabieta gorda gorda en plan niña del exorcista que puedes flipar, con babas y mocos colgando que solo faltaba que le diera vueltas la cabeza. Yo la verdad que al principio no sabía qué hacer porque era imposible ni hablarle, ni tocarla, ni nada, era una bomba. Al final poco a poco llegué a la misma conclusión que tú. Estar ahí, acompañar, hablar con calma. Solo espero que mi peque no las agarre tan gordas porque se pasa fatal!!

    1. Carlota octubre 18, 2018 at 7:33 pm

      Me ha encantado el post! Yo tengo una mayor de casi 4 añitos q es una bendita, nunca ha tenido una rabieta (aunque parezca mentira es real) si le razonas y explicas las cosas lo comprende y acepta súper bien, sin embargo la pequeña (14 meses) es dinamita! 🤦🏽‍♀️ Me he ido genial tu post para entender cómo se siente ella y cómo tengo q sentirme yo ante la rabieta. Es cierto que cuando llega el/la segundo/a tienes menos tiempo y menos paciencia y cuando sabes que has actuado mal te sientes fatal! Pero espero saber gestionarlas mejor poco a poco, porque es pequeña y seguro q irán a más.

  2. Mireia octubre 17, 2018 at 2:05 pm

    Me ha encantado el post y los tips! Nosotros estamos en los 18 meses y las rabietas ya han asomado… si me dices que va a ir a peor OMG tendré q leer tu post en cada etapa 😜

  3. Judit octubre 17, 2018 at 2:15 pm

    Moltes felicitats pel post! 🙂 A mi em va ajudar moltíssim entendre que ell ho passava pitjor que jo. Normalment actuem correctament quan es fan mal o es troben malament, vaig pensar que la reacció havia de ser igual amb les rabietes, perquè també estan patint. I a partir d’aquell moment, cada vegada que passava em “sortia sol” tota la resta: tranquilitat, acompanyament…

  4. Anica octubre 17, 2018 at 2:20 pm

    Nosotros estamos en pleno momento rabieta, y es taaaan agotador. También soy maestra, e intento llevarlo de manera tranquila, escuchándola, apoyándola, pero a veces se me acaba la paciencia y me enfado… y me siento tan mal.
    Entiendo que ahora lo está pasando muy mal. Ha empezado el cole, y había estado siempre conmigo. Entre la separación y tantas horas en el nuevo centro, sale cansada y con ganas de mami. Yo también la cojo con muchas ganas, pero vamos a rabieta diaria, y estoy ya desesperada.
    Miraré el cuento, ya que le encantan, y seguro que algo nos puede ayudar, por lo menos a ella para entender mejor sus emociones.
    Gracias por el post. Espero la segunda entrega 😜

  5. Elisabet octubre 17, 2018 at 3:30 pm

    Gràcies pel post!!😙 nosaltres som quatre a casa, l’Oleguer i la Coaner (2,5 anys), i nosaltres, els pares. Estem també immersos en el món de les rabietes, doncs cadascú a la seva manera, però tots tenim rabietes, els grans també. Tenir dos nens alhora amb una rabieta és terrible i difícil de portar, però com molt bé tu dius, de tot se’n apren i dels errors més. Nosaltres com a pares, hem hagut de canviar molt la nostra manera de veure i afrontar les rabietes, canvi total de mentalitat, passar del “m’està probant” al “necessita que l’entengui”.
    El que ens funciona més és respirar jjerjee, encara que no sempre ho aconseguim…
    Intentarem seguir millorant!!
    Molts ànims i segur que quan tingueu la Julieta aquí, trobareu les fórmules.
    Una abraçada ❤️

  6. Noemi octubre 17, 2018 at 5:11 pm

    Gracias por tus pautas a seguir. Carla acaba de empezar con las rabietas, ha sido cumplir los 18 meses y llevamos un mes que de algún día nos sorprende con algun “momento heavy”.
    Besotes 😘😘

  7. Ana octubre 17, 2018 at 8:12 pm

    Tengo dos peques de 2 años y medio y seis meses y lo que intentamos es dar nos espacio y estar disponibles durante la rabieta. La peque no sabe lo que son todavía pero la grande ya lleva una buena colección y cuando tengo las dos y estoy sola para hacer frente a situaciones límite cojo a la peque en brazos y intentamos hablar à la mayor y después de hablar espacio y disponibilidad. Al final el contacto es casi siempre necesario, un buen abrazo lo cura todo. Gracies per les teues experiències Estoreta

  8. Núria octubre 17, 2018 at 8:21 pm

    M’ha agradat molt llegir-te, ordenar idees…. tinc bessons de 4anys i el tema a vegades esclata i ens desbordem tots 😔 però posar-ne consciència és el primer pas! ( i anar a veure a la Míriam Tirado també hehehehe)
    Sort!!!!

  9. Ana octubre 17, 2018 at 10:26 pm

    Gracias por tu post!por este, y por todos!me encanta leerte, lo mejor esque a parte de contarnos vuestra experiencia, das herramientas!gracias!ayudas a muchas mamis como yo, que a veces andamos perdidas..:) aunque, como con todo, muuuucho amor y paciencia!

  10. Laura octubre 18, 2018 at 7:13 am

    Hola, me ha encantado tu post. Está genial. Mi pequeño tiene 18 meses y me está ayudando mucho a entender lo que ocurre leer el libro “Ni rabietas ni conflictos” de Rosa Jové. Me ayuda tanto a entenderlo como a saber cómo actuar.
    Muchas gracias por compartir vuestra experiencia con todos nosotros

  11. Sole octubre 18, 2018 at 8:16 am

    Gracias por el post , qué manera tan adecuada de decir las cosas , estoy segura que me ayudara mucho con Chloe que tiene 2 añitos y medio y las rabietas están allí en su día a día .

  12. Amanda octubre 18, 2018 at 9:51 am

    Me parece un post maravilloso, con unos tips respetuosos, que da para reflexionar. Tengo una niña de dos años y dos meses, y es puro fuego, intensidad, energía, carácter, genio y figura, y un grandísimo amor, inteligente y perspicaz, y las rabietas que tenemos más a menudo de lo que me gustaría son épicas. En muchas ocasiones soy consciente de gestionarlo fatal, porque la paciencia se me escapa entre los dedos, y procuro al momento disculparme con ella y reencauzar la situación. Es difícil. A mi hija le ayuda también cambiar de ambiente en ese momento, por ejemplo, invitarla a ir al baño a lavarse la cara, entre el paseo y el refresco reducimos la intensidad y podemos comenzar la negociación y la charla. Ánimo a todas 😊

  13. Iris octubre 18, 2018 at 1:04 pm

    Hola Esther, el post es fantástico, porque ilustra crudamente lo que es una rabieta. Soy bimadre de un pequeño de 3 años (de alta demanda) y una pequeña de 10 meses. Debo decir que la llegada del segundo intensifico las rabietas sobre todo después de las 6 meses. Cuando la pequeña empezó a interactuar, jugando, gateando y ahora poniéndose en pie hizo que viera a una rival lo que todo es motivo de rabieta. En mi caso intento dar mas atención a el, en el momento en de la rabieta para brindarle contención. Hacerle saber que la mama sigue allí para el a pesar que también tiene que acudir a la pequeña. Para nosotras como mamis es muy difícil, que mas quisiera una que poder duplicarse o triplicarse para poder acudir a todos por igual y de manera plena. También poco a poco deberán aprender a gestionar sus emociones solos, y creo que de eso se trata. acompañarlos en el aprendizaje y gestión de sus emociones. Espero que de algo ayude, no estamos solas! Animo!

  14. Leticia octubre 18, 2018 at 10:27 pm

    Hola Esther! Sin duda un post necesario que ayuda a respetar las emociones de los más pequeños. Soy mamá de dos niñas, una de 36 meses y otra de 7 meses; la mayor ha tenido (y sigue teniendo) muchas y muy intensas rabietas, además yo paso muchas horas sola con las dos por el trabajo de mi pareja. Si la mayor tiene una rabieta y la bebé está tranquila, la pongo en la hamaquita o el moises y me dedico exclusivamente a atender a mi hija mayor…si la bebé me reclama, la atiendo explicándole siempre a la mayor que tengo que atender a su hermana pero que sigo estando con ella, que no me voy a ningún sitio. Le voy hablando mientras atiendo a la bebé y si veo que comienza a estar un poco más accesible, intento implicarla para que haga reír a su hermana por ejemplo.
    Creo que no te va a resultar más complicado de lo que te pueda resultar ahora por el hecho de tener dos, yo creo que lo principal es no perder de vista nunca a la hermana o hermano mayor, estar muy presentes ante la llegada de un nuevo miembro e implicarles mucho desde el principio.
    Mucho ánimo en esta nueva etapa, es dura, pero se disfruta enormemente!

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