Construcciones y el papel del adulto en el juego

¡Hola a todas!

Hace mucho que tenía pendiente este post, pero por mil motivos siempre he tenido que ir posponiéndolo. Os pido disculpas y por fin aquí lo tenéis. 

Son muchas las veces que me escribís preguntando cómo le propongo los juegos a Valentina, cómo actúo, qué hago, qué le digo, si dejo que ella escoja lo que quiere hacer o coger de la PlayRoom… Así que he intentado resumir todas vuestras preguntas en este post, aunque ya os avanzo que esto daría para horas y horas, ya que incluso existen formaciones para profesorado y familias dedicadas justamente a eso: al acompañamiento del juego. 

Antes de nada deciros que me ha sido muy difícil elaborar material fotográfico para este post. De hecho, siempre que tengo/quiero hacerle fotos a Valentina durante el juego, es de los días que “peor” sale. ¿Por qué? Porque ya empieza a ser mayor, porque ve que no estoy presente si no que estoy pendiente de otra cosa, porque quiere ver la foto que ha salido, etc. Generalmente los días que me preparo para hacer fotos de materiales y juegos son los días que “peor” acompaño en el juego a Valentina, y  es por ello que intento hacerlo lo menos posible. 

Dicho esto, yo dividiría el tipo de juego en dos enfoques distintos: el día que yo le preparo una actividad/propuesta/provocación, como las mesas de experimentación; y los días en los que vamos a la habitación de juegos y ella escoge con qué jugar. De hecho lo único que cambia es el inicio de la actividad. En el primer caso, yo le presento los materiales, las cosas que he escogido (muy a modo de sorpresa, de intriga, de magia) y después paso al siguiente plano; que creo que es aquí dónde os interesa. 

Bien, partimos del a base de que el juego tiene que ser libre, si no, no es juego. El juego es algo muy serio, es el medio a través del cual nuestros hij@s aprenden y conocen el mundo. No es algo que hacemos para entretenerles y distraerles, es algo que les ofrecemos porque es una necesidad innata que poseen: la necesidad de observar, de descubrir, de buscar respuestas. Si nosotros les decimos cómo tienen que jugar, qué tienen que hacer, por qué sucede o no sucede las cosas, eso no es juego. Ahí no está habiendo aprendizaje. Son, otras cosas. Por supuesto hay momentos (muchos) en los que ellos quieren jugar con nosotros, pero debemos de permitir que ellos nos manden. Seguramente será de las pocas veces que lo puedan hacer: “ponte aquí, cómete esto, ahora tu vendes la fruta, ahora tu eres un bebé, ahora tu preparas la comida, ahora tu te escondes, ahora me buscas…”

Pero a la vez también es muy rico que les ofrezcamos y les demos espacio y tiempo para ese juego más heurístico, más de observador, de manipulación, más interior, en el que ellos vayan creando su propio aprendizaje. ¿Y cómo? Resulta difícil porque para nosotros, los padres, hemos sido educados y hemos jugado de una manera completamente distinta, así que nos toca desaprender, sacarnos todas esas piedras que llevamos en la mochila y que tan interiorizadas tenemos: “no, pon esta pieza aquí que si no se va a caer, qué bien lo has hecho, me encanta, ahora déjale el juguete un rato a él, los juguetes se tienen que compartir, por qué no pones esto aquí, mira si lo hacemos de esta manera seguro que nos sale, ¿y esto qué es?, ¿qué es esto qué has hecho?” Y la lista podría ser interminable. Yo misma muchas veces me escucho diciendo cosas y luego pienso: estas interfiriendo demasiado.

Pero vamos por pasos. Yo siempre tengo una silla, cojín, colchón en el que me siento y Valentina sabe que me encuentra allí. Hay veces que ella tiene muy claro a que quiere jugar y va directa y otras que deambula entre sitio y sitio tocando todo hasta que se decide. (por eso es muy importante que los juguetes estén accesibles y a la vista). Hay veces que no tiene ganas de jugar, ya que le requiere una atención muy compleja, y hay días que esta fresca y con ganas de más (por eso es muy importante que observemos a nuestros hijos y veamos cuándo es el momento adecuado y para qué). Acompañar en el juego significa estar presente pero no ser protagonista. Estar allí, mirando a nuestro hijo, aportándole seguridad e importancia a aquello que hace y haciéndole saber que todo está bien. Significa hablar poco y mirar mucho, significa no adelantarnos, no interferir, pero estar disponibles cuando nos lo pide. Muchas veces nos piden respuestas, ellos ya saben que nosotros las tenemos y que aquella es la vía rápida así que en nuestro papel de acompañar, en vez de dar respuestas es de dar herramientas, ya que queremos que sean ellos los que lleguen al conocimiento. Solo de este modo el conocimiento será pleno, significativo y quedará interiorizado. 

No es algo fácil y requiere también un entrenamiento. Si un niñ@ está acostumbrado a jugar siempre de manera guiada y pautada le costará este cambio de actitud. Igual que muchas veces me escribís diciendo: “le he hecho la mesa de harina a mi hij@ y no le ha hecho ni caso”. Quizás no era el momento, quizás no estaba preparada, quizás ese día no le interesaba, quizás únicamente quería mirar, hay muchas veces que los niñ@s necesitan vivir repetidamente una experiencia a modo de observador antes de lanzarse a intervenir. Por eso va bien cuando preparamos alguna propuesta como la mesa de experimentación que los materiales estén disponibles durante un período de tiempo (1 semana por ejemplo). Hay veces que querrán ver cómo nosotros jugamos, también aprendemos por imitación; y creedme que es increíble. Jugar a juegos desestructurados, a los que no estamos acostumbrados es todo un aprendizaje. Dejarte llevar por los sentidos, por las caracteríticas del material… Nuestros hij@s nos dan la oportunidad de volver a ser niños y es verdaderamente relajante y desestresante. Entonces es bueno ir combinando varias actitudes y saber cuál es el momento de retirarse; es decir, el niñ@ ya está metido dentro del juego gracias a la confianza que le hemos transmitido nosotros relacionándonos con el material (no hace falta hablar), así que poco a poco nos vamos retirando para darle espacio a él y que sea él quien siga el juego solo. 

Y por último añadiría el hecho de no calificar el juego, no etiquetarlo, no valorarlo ni ponerlo en juicioqué bien te ha quedado, qué bonito, me encanta, lo has hecho genial… Vamos todo lo que por norma nos sale porque estamos acostumbrados a ello. De este modo transmitimos al niñ@ que todo pasa por nosotr@s, por nuestro juicio y nuestro baremo. ¡¡Eso no quiere decir que no se lo podamos decir nunca!!! No hay que ser extremistas ni radicales, somos sus padres y es normal que nos muramos por todo y cada uno de los gestos que hagan. Pero sí que es bueno tener en mente que si abusamos de ello, estamos fomentando que hagan, decidan y escojan según nuestras preferencias para contentarnos a nosotros y no porque a ellos realmente les guste o les haga felices. 

Y creo que por hoy ya me he extendido mucho en teoría tostona, que es verano y las neuronas no dan para más. Si queréis más información os recomiendo blogs que para mi son de cabecera como De mi casa al mundo o Montessorízate que encontraréis muchos posts relacionados sobre el tema. 

Las fotografías que os he ido poniendo durante el post son de diferentes escenas de juego de construcciones. Uno de mis preferidos, por cierto. Me encanta verlos construir, son como pequeños arquitectos, y la atención, precisión, mirada… me fascina. Detrás de las construcciones hay miles y miles de aprendizajes, sobre todo matemáticos; pero también de precisión, motricidad fina, de espacio, de mirar cerca y lejos, de equilibrio, de arte, de harmonía, he crear historias detrás de cada bloque…

Al principio tienen una etapa en la que sólo quieren que tu construyas una torre para ellos tirarla antes de que hayas puesto la última pieza. Después hay otra etapa en la que son ellos mismos los que construyen, para rápidamente tirarla, y ¡ep! no se te ocurra tirarla a ti. Quien la construye la destruye. Y finalmente hay la etapa de la permanencia en la que quieren dejar su construcción hecha durante X tiempo. Para ello es importante hacer las construcciones encima de tablillas o de alguna base para después ponerla encima de alguna estantería y poder continuarla al día siguiente, o mirarla, o mostrarla al resto… Son sus primeras exposiciones. Todavía Valentina no está en esta etapa, falta bastante, pero es una de las cosas más bonitas que recuerdo en las aulas de 5-6 años. 

Os dejo aquí los links de todos los juguetes que aparecen en las fotos:

Cubos de madera color pastel

Tablillas de madera

Conos de madera color pastel

Nins, monedas y anillas

Carretes

Espero que os haya gustado y servido el post de hoy, y si creéis que puede servir a más gente, no os olvidéis de compartirlo;) Nos vemos la semana que viene, que por aquí no cerramos ni en vacaciones. ¡muá!

3 Comentarios

  1. Sarah agosto 3, 2018 at 12:20 am

    Hola Ester! Gracias por la información que nos compartes y felicidades por tu embarazo!!! Una pregunta, si durante el juego no debemos decir decir expresiones como “muy bien, así es, que bien te ha quedado” qué decimos o hacemos cuando nuestros hijos realizan algo o durante el juego nos miran con cara de “mira mamá lo que he hecho” o qué hacer cuando mi hija está jugando con los cubos y me trae unos para que yo le ayude a ponerlos y cuando está jugando con juegos de encajar y no es capaz de insertar una de las piezas y me la trae para que yo le ayude? (Tiene 17 meses) . Gracias y me encanta todo lo que escribes

  2. Estela agosto 3, 2018 at 8:52 am

    Qué buen post, gracias! mi hijo con 2 años coloca sus construcciones de lego encima de un mueble para exponerlas… jaja.

  3. Laura agosto 4, 2018 at 1:24 pm

    Simplement… preciós!! 🙂

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